ale tambor

El oficio de terapeuta fue desarrollándose junto con el de educadora. Los límites entre educación y terapia me parecen poco definidos, cuando menos flexibles. Hay mucha sanación en la educación y bastante de educación en la terapia. No me refiero a lo que se entiende por educación y terapia en general, si no a como yo lo he vivido y practicado, a cómo he observado que le ocurre a los y las poetas. Derechamente, para mí, la poesía es una herramienta que permite a la persona que la practica la auto educación y la auto sanación. Es una herramienta que devuelve poder al individuo, en tanto exige de él hacerse responsable de su creación, de lo que hace con las palabras. Pero por supuesto que, como toda herramienta, hay que saber usarla. De eso hablo en este blog, eso es lo que enseño en mis talleres.

Para mí una educación sanadora se enfoca en los recursos que tiene la persona para  llegar a ser quien verdaderamente es. Una terapia educadora muestra los caminos para que la persona pueda recuperar a quien verdaderamente es. La diferencia es sutil pero decidora. Mientras como educadora me interesa que el otro desarrolle su capacidad de expresión, como terapeuta me interesa que el otro explore su capacidad de introversión. Para mí este diálogo necesario entre educación y sanación refleja un movimiento que va de afuera hacia adentro y viceversa. Mientras como educadora soy entusiasta y aliento al otro a salir, a atreverse, a mostrar, incluso con la provocación y la invitación directa, como terapeuta soy más observadora y neutral, sostengo el espacio para que el otro pueda explorar, actúo de espejo y estoy siempre atenta para que el otro se sienta seguro, en un espacio contenido para realizar su proceso.

No creo en que te puedo enseñar o sanar, creo en que cada quien puede hacer ese trabajo y yo estoy aquí, que pasé por todo eso y aún sigo pasando, con uno de los caminos que puedes transitar. Yo te acompaño.

En mi búsqueda, después de darme cuenta de que el camino académico no era para mí, descubrí la terapia poética de orientación antroposófica. Sané mucho de mi historia gracias a sus prácticas; le debo el haber rescatado un hábito muy saludable de mi infancia, la escritura de diario de vida, y el conocimiento de los ritmos en la biografía y el trabajo con mapas biográficos.

También me nutrí de la escuela del movimiento de la nueva escritura alemana. Para este movimiento escribir como terapia es una práctica de higiene mental necesaria en los grupos sociales. Su orientación es más ecléctica pero enfocada en el marxismo y la psicología analítica.

En junio del 2017 obtengo mi certificación como terapeuta humanista-transpersonal extendido por el Instituto Humanista-Transpersonal de Santiago.

Para complementar mi formación estoy aprendiendo en la escuela de sanadores urbanos Hadara, la terapia ADABA y su sanación en el campo energético a través de la energía y la palabra.

Sin embargo, sostengo que todos los estudios, maestros y corrientes que he investigado y de los que me he nutrido, no han hecho más que corroborar lo que ya sabía por la poesía, que hay una sola doctora: la naturaleza, en su versión externa y su versión interna.

Puedes conocer más ideas sobre la sanación por la palabra en un ensayo que escribí para la revista Laboratorio de la Universidad Diego Portales sobre la poesía de Gonzalo Millán y La palabra como pharmakon.

También puedes conocer las terapias con que trabajo aquí .