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Empecé a ser poeta de niña, después de responder las preguntas de Pablo Neruda. Me gustó tanto ese juego con las palabras que nunca más dejé de jugar. Pienso que todo poeta también ha sido un niño-poeta y que la buena poesía no tiene edad ni generación. En mi adolescencia entre los 14 y los 18 años usé mucho la poesía para expresarme sin que nadie se sintiera dolido por lo que me adolecía. Esa es la ventaja del poeta frente a cualquier ser que sufre; que por la poesía el dolor se transforma en belleza y las personas se sienten atraídas por la belleza. Además el lenguaje metafórico es ideal para expresar aquello que es difícil de expresar en lenguaje coloquial. Entré a estudiar Lengua y Literatura Hispánica en la Universidad de Chile. Quería ser escritora y ese era el camino natural que me permitía el ambiente de pos-dictadura en Santiago de Chile, año 1991. Recibí mi título de licenciada el año 96.

Tuve la suerte de conocer maestros increíbles y compartir con otros poetas que me aportaron mucho. También gané un premio bien importante para la época con mis poemas de adolescencia, el libro se llamó El Yo Cactus y fue publicado el año 1994 gracias a ese premio. En mi opinión, un primer libro marca el punto de hablada en el camino de la poesía. Para mí fue el sacudirme de los determinismos que habían marcado mi infancia. Simplemente irrumpí con mi intimidad en el paisaje.

Han escrito sobre este libro en esta tesis sobre erotismo en poesía escrita por mujeres de Bárbara Fernández y en este estudio sobre poesía y ciudad de Macarena Urzúa.

El año 1995 entré a un taller de poesía que me marcó: el de la Fundación Neruda. Nunca ha sido fácil para una mujer dedicarse a la poesía en Chile y más raro si ella está embarazada. Como quiera que fuese, ese año 1996 tuve dos hijos: Julián y Escrito en Braille. El año 1998 volví a ganarme un premio y gracias a eso el libro fue publicado. Un segundo libro es siempre complicado. Ya no hay inocencia. Emerge la dificultad de decir ante la mirada de los otros. Hay asuntos dolorosos – el cuerpo, el país, la propia historia- que solo en lenguaje hermético se pueden expresar.

Acá hay una reseña muy bonita de Cristián Gómez sobre Escrito en Braille y otra que no me gusta tanto pero nadie es monedita de oro.

El año 2000, junto a mi pequeño hijo, partí a Alemania tras las huellas de mi memoria. Siempre digo que soy nieta de una guerra e hija de una dictadura y este no es un verso simple de decir, es literal. Quería hacerme cargo de mi historia y a la vez vivir en un lugar amable para criar a mi hijo. Necesitaba una tregua y sanarme en la ciudad de mis abuelos. Berlín fue medicina para mí. Leer, escribir, pensar, soñar en alemán desenredó la madeja y aplicó discernimiento a demasiadas memorias de dolor. De este período salió otro libro, material mente diario, el que tuve el privilegio de publicar el año 2009 en una editorial prestigiosa de Chile llamada Cuarto Propio.

De este libro han escrito Cristián Gómez O. una reseña  , Lorena Amaro este bello artículo y Alicia Salomone desde un interesante enfoque de memoria e infancia en dictadura.

Que la poesía es un misterio, es un lugar común que habría de experimentar por mí misma. La práctica de la poesía abre las puertas de la percepción y catapulta el conocimiento hacia rumbos que solo con la intuición pueden andarse. En una de las tantas crisis que sufrí en Europa, fui asistida por personas bondadosas del mundo del Islam que me enseñaron a orar y ayunar. De este proceso surgió una visión que, quiero recalcar, solo significó alivio para mi dolor personal. No hago escuela de ello ni pretendo pontificar con la visión. Fue un regalo, el que me llegó en forma de versos, casi como una letanía, una palabra, el “apodo” de Dios, que vino a enseñarme cuán absurda es la orientación binaria de ver la realidad. El poema se llamó Dios es el Yotro y siempre me da consuelo, es una orientación que guía mis pasos. El poema fue publicado el año 2010 en Santiago en una plaquette de la editorial de unos amigos, llamada Libros del Perro Negro.

De vuelta en Chile, el año 2015 tuve la suerte de publicar un nuevo libro de poesía en una editorial preciosa llamada Editorial Garceta. Mi libro Llaves del pensamiento cautivo es un libro raro y silencioso a la vez. Sus poemas son lecciones muy personales e íntimas por parte del Yotro hacia mí. Maneras de entender la vida y revisar la biografía con un ojo puesto hacia el interior y el otro hacia la esperanza.

Siempre me ha gustado participar con mis poemas en el cruce de la poesía con otros lenguajes artísticos. Pienso que la poesía se desborda desde las letras hacia infinitas manifestaciones humanas, incluso rebasando el significado lógico o los soportes tradicionales. La poesía vive en el aire, en los sueños, en la magia, en el momento presente. Para mostrar estos cruces, elijo el trabajo de mi amigo zeta-oral, quien ha realizado interesantes versiones en video-poemas de El baile y La luz que cubre las heridas.

Para mí la poesía es un trabajo de energía, una movilización de emociones. No siempre son necesarias las palabras para lograr esto. Así lo constaté cuando me atreví a interpretar la Ursonate de Kurt Schwitters el famoso poema dadaísta de principios del siglo pasado, en el Festival de Poesía y Música que se realizó en Santiago el 2016.

Este año 2018 se concretó un sueño literario: poder publicar un libro que me venía acompañando desde mis inicios como poeta, nada más ni nada menos que por una de las mejores editoriales de poesía de Chile, las Ediciones de la Universidad de Valparaíso. Mi libro Dramatis Personae ya lo pueden encontrar en librerías. ¿Qué puedo decir de este libro? Pues que las personas son espejos para mirarnos de lejos. Las personas históricas, literarias y míticas ¡Cuánto me han enseñado! Simplemente me pasaría mirando en ellas para aprender más de mí. Espero que al distinguido lector le pase lo mismo con mis personajes.