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Me gustó estudiar literatura en la academia, aprendí un método y tuve la oportunidad de leer a mis anchas de manera sistemática y eficiente. Siempre tuve más libros que amigos. Sin embargo, algo me hacía ruido en la academia. Encontraba absurda la pretensión de los estudios literarios de situarse en su especificidad, de que leer no tendría nada o muy poco qué ver con la creación y mucho menos con la biografía.  El modelo que rondaba en esos tiempos era el del investigador erudito, había poco espacio para otras formas de conocer, menos para inventar, casi nada para la poesía como camino. La academia no era un lugar para mí, me fui tras otros rumbos.

En Alemania los encontré. El movimiento de la nueva escritura alemana me mostró que la literatura sí podía ser algo vivo y a escala humana. Un espacio de encuentro vital y no elitista que estuviera cruzado por las pulsiones y necesidades de los grupos. No se hablaba de un escritor solo y genio, se hablaba de grupos y de que a todos beneficiaba la práctica de la escritura, independiente de si llegaran a ser best seller o consagrados. Entré a estudiar escritura creativa y biográfica en la prestigiosa escuela de trabajo social y artes aplicadas Alice-Salomon-Hochschule de Berlín. A diferencia del modelo norteamericano de escritura creativa que releva la figura solitaria, genial y/o profesional del escritor, ellos enseñaban que la escritura creativa debía estar presente en todos los ámbitos no literarios en donde se relacionan los seres humanos: el aula, la junta de vecinos, la consulta terapéutica, la calle, los museos, hasta en un crucero podía y debía haber un grupo de escritura creativa con personas que usaran la palabra para inventar y transformar.

El año 2008 me titulé de pedagoga de la poesía, que es una forma muy linda y muy alemana de decir didacta de la literatura. Mi trabajo de investigación lo realicé en una metodología de enseñanza de la literatura a niños que llamé “Educación Poética”. Yo había llegado con una propuesta teóricamente bien fundamentada donde mis profesores, llena de citas y modelos. Ellos me miraron con cariño y me pidieron que olvidara todas las teorías que había leído y que recordara la primera vez que había disfrutado de un poema. Recordé cuando respondí las preguntas de Neruda a los 8 años. Así comenzó todo. Me conseguí un grupo de niños, la mayoría de ellos migrantes, y les di a responder las preguntas de Neruda. El resto es una historia de experimentación, sistematización, práctica, réplica y teorización. De todo ello escribo en mi blog y enseño en mis talleres.

Si le interesa conocer lo que mi profesor alemán opinó de mi trabajo de investigación consulte aquí. Es por lejos la mejor retroalimentación que he tenido, hasta ahora en Chile mi trabajo no ha sido advertido.

Por supuesto que al titularme yo pensé que la Educación Poética estaba hecha para Chile. Así que me devolví de Alemania y llegando contacté unos jóvenes educadores y con el apoyo de Balmaceda Arte Joven hicimos un Club de poetas en Pedro Aguirre Cerda. El registro es hermoso y hasta el día de hoy me emociona el potencial que tiene la poesía para la educación social.

No puedo decir que no he tenido la oportunidad de mostrar mis reflexiones sobre Educación Poética. Acá hay una entrevista que me hicieron en la Revista Cuaderno, la revista de la Fundación Neruda. También está esta otra entrevista  para el canal cultural de la TV de Valdivia. Incluso mi trabajo de Educación Poética fue incluido en un programa de televisión de TVN, Frutos del País, cuando estaba en la Biblioteca Montegabriela, de Montegrande, Valle del Elqui, Región de Coquimbo de Chile, el pueblo natal de Gabriela Mistral. Entre los minutos 32 y 40 se puede ver el tipo de trabajo pedagógico mistraliano que realizábamos en esa biblioteca entre los años 2011 y 2013, biblioteca pública hoy lamentablemente desaparecida.

Han sido variadas las ocasiones en que he podido enseñar mi metodología a educadores y profesores gracias a que se me ha contratado para enseñarla por diversos organismos públicos y privados (Ministerio de Educación, Balmaceda Arte Joven, Dibam, Consejo de la Cultura, Universidad de Chile, INJUV, entre otros). Quisiera mencionar dos proyectos de los que más me siento orgullosa, por la simple razón de que fueron hermosos y han logrado tener una cierta continuidad en el tiempo. Uno fue una inicitaiva de fomento lecto-escritor para escuelas rurales multigrado de la Región de los Ríos. Este informe oficial  habla del impacto de mi trabajo. La otra iniciativa es el Club de Pequeños Escritores, iniciativa educativa impulsada por la Agencia Plagio, la misma que organiza el concurso Santiago (y otras ciudades) en 100 Palabras. Si quiere conocer el impacto pedagógico de este proyecto consulte aquí.

También he tenido el privilegio de contar mis experiencias en un prestigioso seminario organizado por el Plan Nacional de la Lectura, el año 2012, mi ponencia Para no amoblar el vacío, que se puede descargar y el 2014: “Que se haga del leer un ímpetu casi carnal” se puede leer descargando el libro de las Actas del Seminario qué leer? cómo leer?.

Aunque adoro trabajar directamente con los niños, sé que mi labor como didacta es entusiasmar a profesores y educadores de la necesidad de contar con metodologías adecuadas, divertidas y efectivas, para la enseñanza del lenguaje. Qué experiencia hermosa fue cuando el año 2016 me invitaron a exponer y realizar un taller frente a cerca de 100 profesores en el Seminario Litertura y Sentido. Pinche en el enlace si le interesa leer mi ponencia Más poesía necesita la pedagogía.