Más poesía necesita la pedagogía.

Educación Poética para “quebrar la raya demasiado geométrica de la pedagogía estática”

Estimadas profesoras, maestras y educadoras: buenos días.  También saludo a los profesores y maestros, al público en general que ha está asistiendo a este seminario. Gracias por estar aquí, gracias Universidad del Desarrollo, Sistemas de Bibliotecas Públicas de la Municipalidad de Providencia y Colegio la Maissonette por invitarme a compartir algunas ideas sobre pedagogía, poesía y vocación.

Sé lo importante que es reflexionar sobre el tema que nos propone este seminario. La literatura y su sentido en los tiempos que corren. Tengo tanta conciencia de ello que esta es la 3ª versión de conferencia que intento. Las dos anteriores me dejaron insatisfecha. La 1era por demasiado académica; me sobraban las citas y me entrampaba en el círculo vicioso de la validación por la bibliografía. Sé que existe una brecha entre el lenguaje que usa la teoría pedagógica y la práctica de la pedagogía, hay un abismo entre ambas y  no quiero ser yo la que ahonde aún más en la separación entre el pensamiento y la acción pedagógica.

En la 2da versión de esta conferencia me puse furibunda.  Mi conferencia destilaba denuncia y discurso, ¡todo cierto! Pero sin corazón, sin esperanza. Y así no vale, sin esperanza tampoco tiene sentido la literaturay menos la vocación que nos reúne hoy acá. Nada justifica dedicarse a la pedagogía más que la vocación.  Entonces recordé el consejo de Gabriela Mistral ( a quien llamaré de ahora en adelante LA patrona) : “Toda lección es susceptible de belleza”.

Y bueno, comienzo esta 3era versión con la reflexión académica y la furia palpitando en mí pero orientada hacia la belleza, encaminada hacia ese valor indefinible pero palpable. Eso que entendemos tú y yo, cualquiera de nosotros, sin necesidad de explicaciones. Como un buen poema. ¡Cuánta cháchara nos ahorramos con un buen poema! Sin embargo, nos gusta chacharear y por eso están las conferencias, los seminarios, las teorías y los puntos de vista. No lo podemos evitar, nos hacemos la vida complicada. Necesitamos las teorías, pero ¡por favor!, que sean hermosas: vivamos las teorías hermosas, como recomendaba la patrona, hagamos del “leer un ímpetu casi carnal”. Sí, casi carnal. ¿Qué habrá querido decir la patrona? ¿Qué hay que fomentar la lectura erótica?

A muchos les gustaría ¿verdad? Pues a mí también y puede que ella no lo haya pensado así pero es un buen ejemplo para explicar su punto de vista sobre el vínculo entre literatura y sentido. Así como la literatura erótica le puede servir a alguien para entusiasmar sus momentos íntimos, de la misma forma cualquier tipo de literatura está para servir. Sí, para servir, además de servir. ¿Raro? ¿La literatura sirve para algo?

Me parece que oigo a algunos escritores que conozco refunfuñando con esta idea utilitaria de la literatura. No lo reconocerán nunca pero ellos también se sirven de la literatura. Habrá alguno que otro afortunado que llegue a mantener la familia gracias a sus libros, pero para la mayoría de los escritores los libros –propios y ajenos- son medicina, son maestros, son contemporáneos. Cuán menos solos nos sentimos cuando estamos acompañados de libros. Aunque apenas estén ahí en los estantes, tristes y polvorientos, humillados por el i pone y el Facebook,siempre serán una promesa, un buen amigo que no falla. Y para qué hablar de los libros sin palabras, los cuadernos, ellos solo aguardan pacientes la hora de nuestro florecer.

Hay una anécdota de Gabriela Mistral en el artículo “Literatura para mujeres”. Resulta que el medio literario la criticaba por sus canciones de cuna. Le decían que era demasiado buena poeta como para dedicarse a un género menor, que la autora de grandes e importantes sonetos no podía estar cayendo tan bajo, que se perdía. Y ella trató de explicarles. Les dijo que ese género menor cumplía una función mayor, allí en su sencillez, en su insignificancia, la canción de cuna tenía una doble tarea: mientras el ritmo hacía dormir al bebé, la letra era toda para educar a la madre.  Práctico ¿verdad? Mientras el bebé se duerme, la mamá se educa. Eso de las canciones de cuna lo vio ella más que un mero adorno, un ejercicio poético medio romanticón. Ella hizo algo con las palabras, algo funcional, que está destinado a servir una necesidad concreta, de personas concretas que quizás jamás tengan acceso al Parnassode la poesía pero que, sin embargo, pueden beneficiarse de ella. Quisiera destacar esta importante idea mistraliana de los usos que podemos encontrar en la literatura.

Claro que hoy las canciones de cuna no solo son un género en extinción, su práctica está incluso en retroceso. Me enteraba el otro día por las noticias que hasta han inventado una manta electrónica que acuna a las guaguas hasta hacerlas dormir. Y las madres ya no necesitan la letra de las canciones para educarse, si quisieran, podrían hacerlo en bibliotecas- ya que contamos con un sistema de bibliotecas públicas bastante desarrollado en nuestro país- o por los medios, el internet. En fin, las madres  actuales y sus hijos están viviendo una era en la que la información y el contenido se ha liberado de una forma nunca antes vista en la historia de la humanidad. Es impresionante como consumimos información. No paramos de consumir desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, estamos recibiendo estímulos, datos, referencias, puntos de vista de los opinólogos. Nos bombardean con cosas que debemos saber para ser felices, para ser correctos, para ser o parecer inteligentes y cultos. Y sin embargo parece que no lo estamos aprovechando. Las cifras arrojan desalentadoras realidades: somos un país que no comprende lo que lee, un país en que los jóvenes de 8vo están escribiendo como de 2do básico. Nuestra máxima referencia de expresión oral se la debemos a la “chispeza” de los héroes de la Roja. La cumbre de nuestra reflexión ciudadana se expresa en el meme y el emoticón. Yo no me quejo ni demonizo estas realidades, muy por el contrario, soy de la idea de que cumplen de manera excelente con nuestra necesidad de comunicación. El problema es que les estamos delegando a ellos, al meme y al emoticón, la tarea de educar a nuestros niños y niñas. Suena terrible, lo sé, y sé que la mayoría de nosotras amamos educar y se nos va la vida porque nuestros chicos aprendan. La mayor parte del tiempo este oficio es amargo y frustra que los cabros calienten la materia, que se lean el resumen o la película antes de dar la prueba. ¿Es así o no?

Mucho se ha reflexionado sobre ello, cada año se convocan expertos para darle vueltas al asunto. ¿Por qué no leen? ¿Por qué no se interesan en lo que pasa a su alrededor? ¿Por qué eligen al simio más simiesco? Por la mala educación, repetimos como loros echándole la culpa a alguien que siempre es otro. Y vamos sumando y restando pensando que allí, en las cifras, está la solución. Pero hay mucho que podemos hacer sin necesidad de entrar a las cifras estratosféricas que podrían ser una cierta solución. De partida, cuestionar el hecho de que nuestra educación esté basada en la transmisión de contenidos. Si aceptamos el hecho de que vivimos en la era de la información, el hecho de que somos una sociedad de consumo, en la que incluso la política de fomento lector se orienta hacia el consumo de libros, una sociedad que iguala la libertad al derecho a elegir lo que se consume. Si aceptamos estos hechos neutros, que no son descalificativos, también podemos aceptar el hecho natural, ¡hasta biológico! que todo lo que consumimos debe ser elaborado para transformarse en otra cosa. No me lo discutan. Lo hacemos cada día, cada uno de lo que estamos acá, después de almuerzo. No es tan distinto con la información, también es alimento. Puede que sea comida chatarra pero igual tenemos que hacer algo con eso y sacarlo. Si se queda adentro ya pronto no hay lugar para más. Estamos saturados de consumir. Vamos al colegio y un señor habla y habla y me pide que lea y lea y a mí ya no me cabe más. Díganme, con una mano en el corazón, ¿ustedes creen que podemos dar la batalla por el libro en el reinado de internet?

En mi opinión, la escuela debe transformarse en un laboratorio de transformación, la clase de lenguaje en un taller de hacer cosas con las palabras y el profesor en un facilitador de la expresión de sus estudiantes. Hay que hacer espacio para algo nuevo, dejar atrás la escuela como lugar de la anticuada transmisión de contenido. Abrir las puertas y ventanas para que respire eso que está bloqueado y haciendo taco. Solo entonces los libros, los autoresy sus mundos posibles van a tener una nueva vida y lectores ávidos que interactúen con ellos. En una palabra, los llamo a probar mirar el lenguaje –principal medio por el que se generan procesos de aprendizaje- desde otra óptica. En primer lugar, como un fenómeno integrado de los ejes, como solemos llamar a sus diferentes manifestaciones. Expresión oral, escritura y lectura son diferentes aspectos de una misma cosa. Distintos estados, como el agua, que puede estar en estado líquido, sólido o gaseoso, pero sigue siendo la misma agüita sagrada.Y sin jerarquía, el fomento de la lectura no debiera ser más importante que el fomento de la escritura y la expresión oral. Incluso, si quisiéramos o necesitáramos una jerarquía para ordenarnos y sistematizar estas ideas les aconsejo invertir el orden de esta jerarquía y situar a la expresión oral en la base, como lo más importante, luego la escritura y al final, como corolario excelso, por la complejidad cognitiva que ella supone y exige, la lectura.

Dicho de otro modo, aquello que aprendimos cuando estudiamos literatura o castellano, aquello que nos dicen en la academia y que los escritores en su torre de marfil defienden a rajatabla, aquello de que a escribir se aprende leyendo…pues lo vamos a cuestionar y vamos a decir con total desfachatez que al contrario, a leer se aprende escribiendo y a escribir se aprende hablando, o  conversando, mejor dicho.

Sé que en este punto debe haber gente nerviosa en el auditorio. Yo también creía estas cosas hasta que empecé a trabajar con niños y niñas y ellos me mostraron que la cosa no era así como yo la había aprendido en mis largos años de academia. Y ahora quiero acordarme de la belleza, de eso que les decía al principio. Quiero traer a colación un dicho tan popular como cierto. “Chile, país de poetas”. ¿Qué pasó con eso? Dos premios nobel de literatura, respetado país en el concierto internacional por sus poetas y hoy estamos bien abajo a nivel mundial en el tema educacional. No quiero dar cifras, eso me deprime,  las conocemos de sobra. He trabajado con niños y niñas analfabetas. Con jóvenes que pasan a 2do medio leyendo apenas y sin poder escribir una carta. Estar alfabetizado no significa poder leer y escribir tu propio nombre, lamentablemente se necesita mucho más para abrirse paso hoy en día.

Y sin embargo, alardeamos de nuestros premios nobel. A ver, analicemos a estos grandes que tenemos. ¿Quién fue Pablo Neruda niño? ¿Quién fue Gabriela Mistral niña? ¿Tuvieron a su alcance una biblioteca para formarse como grandes lectores y luego grandes escritores? Analicemos la manera en que ellos se introdujeron en esto del mundo de las letras.

Montegrande, una aldea perdida en la montaña del Valle del Elqui. Lucila asiste a la escuela de la que su hermana es la profesora. Por la tarde se reúnen con ellas, su madre, sus tías y la abuela. La abuela lee la Biblia en voz alta, las historias del antiguo testamento. Y comentan las historias acompañadas de un mate caliente. Conversan y se ríen, comentan las cosas que pasan en el pueblo, hacen comunidad. La Biblia es EL libro en cientos de kilómetros a la redonda, pero ¿para qué más?, la Biblia es una biblioteca, una de las más antiguas. La leen en voz alta y la comentan. Esto no lo invento yo, esto lo cuenta la patrona misma. Así aprendió ella del lenguaje, conversando en comunidad. Ella cuenta también que las montañas le enseñaron las primeras letras. Esto no es una fantasía poética, como niña montegrandina jugó a lo que todo niño montegrandino juega. Tuve la suerte de vivir en Montegrande por casi 3 años y los niños montegrandinos todavía hoy “leen” la montaña. Imaginan figuras a partir de sus sombras e inventan historias, poemas, chistes casi siempre de doble sentido, pero inocentes igual. Nunca solos, siempre en diálogo, en conversación, en comunidad, así es como Gabriela Mistral entró a la poesía. En una relación dialógica con sus pares, no sola en una biblioteca llena de volúmenes empolvados del siglo de oro.

Parral, un pueblito del sur Chile. El niño Neftalí camina cada día a la escuela. Cierto día decide hacer otro camino y se va por la orilla de un lago en donde viven cisnes de cuello negro. Un cisne joven y solitario le llama la atención. Lo seduce con comida de su propia colación y se hacen amigos. Durante una primavera entera, cuando el niño tenía 8 años, el cisne y él practican un ritual de alimentación y amistad. Pero un día, el niño encuentra al cisne gravemente enfermo, agonizando. Quizás su comida no era buena para el animal. Lo toma en sus brazos y el ave muere. Neftalí sufre una conmoción inmensa, se va corriendo a casa, no sabe qué hacer con la tristeza…y escribe un poema. Nadie le enseñó eso, él no conocía los poemas, no tenía libros. Al mostrarle su creación a su padre, éste le preguntó que de dónde lo había copiado. Neruda cuenta esta anécdota en sus memorias.

Los adultos solemos cometer el error de no creer en las capacidades de los niños y las niñas. Dudamos de ellos, creemos que no serán capaces de entender, que no serán capaces de crear. También nosotros lo hacemos. La educación subestima la inteligencia, sensibilidad de los estudiantes y su capacidad creadora. He escuchado a tantos padres y profesores decir que “estos niños no tienen imaginación” y luego se sorprenden enormemente con los resultados que conseguimos con la didáctica adecuada. He visto chiquillos de poblaciones escribiendo sonetos. Pero no he partido pidiéndoles que hagan un soneto o explicándoles lo que es un soneto. He partido respetando su derecho a la expresión propia, la he valorado. He creído que son capaces de crear algo por sí mismos. Esta confianza que tengo en que todo ser humano es un creador y que la poesía es una forma de conocimiento es la base de la didáctica de la literatura que practico y enseño. La Educación Poética. He visto que en los escenarios más insólitos surgen poemas, cuentos, canciones. Realmente Chile es un país de poetas si es que se permite a la poesía surgir desde la vida misma. Luego la poesía se va ella sola a los libros y hasta las cifras, pero antes está en la conversación, en la necesidad de expresar una emoción, en la urgencia de explicar una idea, en la voluntad de entender una historia. No hablo de la poesía solo como el género literario por el que se expresan sentimientos en forma de versos. Esa definición solo los limitará. Si quieren usar la poesía como método, olvídense de esta definición, de la rima y la gigantáfora, al menos por un rato y prueben a encontrar una definición que le haga mayor justicia a la poesía. La definición que uso yo es: la poesía es el arte de transformar con palabras. Incluso: la poesía es el arte de transformar. Esta definición me permite crear didácticas integradoras de contenido, disciplinas, materiales. Mientras más libre el concepto de poesía que tenga el profesor, más y mejores beneficios encontrará en ella para su clase.

Creo que la gran lección que Neftalí y Lucila tienen para nosotros es esa libertad de iniciarse a la poesía en medio de la existencia. Nuestros grandes escritores, genialísimos lectores, los más laureados y analizados, los que fueron a los libros y estuvieron en los libros, no se iniciaron en los librossino en comunidad y en la necesidad de expresión. Por esta razón, en la Educación Poética decimos que los pilares que sostienen un fomento lector significativo son la expresión oral y la escritura creativa. La expresión oral en la forma de conversación, de diálogo, de usar el lenguaje en su forma más primigenia. La clase de lenguaje es una pequeña comunidad y lo más bello es lograr que los chicos se interesen en los temas, en conversar, discutir, plantear. Nada más estimulador del aprendizaje que una maestra que sabe escuchar y permite la conversación…por mucho pánico que nos provoque que el jefe de UTP justo esté pasando y vea caos en nuestra sala. Ese caos, si es conversación, es la semilla de un fomento lector significativo. Ojalá los directivos pudieran estar escuchando estas cosas y la escuela pudiera comprender que un desorden dialogante es lo más positivo que nos puede pasar.

Que la buena educación, o la educación de calidad como decimos por estos días, sea tan placentera y significativa como una buena conversación, es lo que nos plantea Gabriela Mistral en su libro póstumo, desgraciadamente poco conocido, el “Poema de Chile”. En él ella vuelve a Chile como una “mamá fantasma”, y acompañada por un niño diaguita y un huemul recorre de punta a cabo la geografía y el alma de nuestro país. La crítica no se ha percatado que este libro es un poema pedagógico. La gran propuesta mistraliana para la educación se despliega por sus páginas a la manera de un diálogo fecundo entre niño y adulto, en el que los roles de educador y educando se confunden, se entrelazan, se integran. Una buena conversación tiene eso de significativo: las jerarquías del saber se difuminan y es el intercambio lo que está en el centro. Es una manera de construir el saber desde lo que ya existe en nosotros, va mucho más allá de la vieja transmisión de contenidos, convierte a los participantes de la clase en actores, no ya en receptores de un saber que debe ser transmitido.

Por otra parte, la creatividad es LA manera con que elaboramos el contenido que consumimos a diario. En ese sentido los memes son la señal clara de nuestra buena salud como chilenos. Claro que en la escuela podemos hacer mucho más. Claro que no nos quedemos en los memes, por favor. Usemos la escritura para despertar y desarrollar la creatividad de nuestros estudiantes. Usemos la escritura para desarrollar el pensamiento. Usemos la escritura para que ellos descubran que cuentan con una imaginación. Y sí, la imaginación, esa convidada de piedra en la educación, es el escenario en donde se producen los procesos cognitivos. Sin imaginación, tampoco hay lectura. Lo que no pasa por la imaginación no existe. No lo digo yo, está lleno de expertos del ámbito científico que lo han demostrado, desde la neurociencia hasta la psicología. Solo nosotros la dejamos de lado. Le decimos a los chicos: chicos, lean para que tengan imaginación. ¡Pero si los chicos tienen imaginación! Solo que quizás no la han usado ¿cómo cometemos la aberración de pedirles que entren a la imaginación de un autor, al mundo imaginario que un escritor propone, sin antes haber hecho que descubran su propia capacidad imaginativa? Absurdo ¿verdad? Ustedes no lo hagan más, ustedes ya asistieron a este seminario y se enteraron. Nunca más hacerlos leer sin antes haberlos hecho inventar. ¡Nunca más! Y por favor, no cometan esa otra aberración de pedirles un cuento de tema libre con estructura aristotélica. Por favor, no. Asistan a un curso de didáctica, por ejemplo a uno mío o lean el libro “Gramática de la Fantasía” de mi maestro Gianni Rodari, para conocer didácticas de escritura creativa que puedan usar con niños y niñas. Lo encuentran libre en internet. Por último, confíen en ustedes, sean ustedes educadores científicos, que experimentan en su oficio diario. Como dice la patrona “nada más triste que la alumna compruebe que su clase equivale a su texto”. Ustedes son didactas y ya que en Chile esta noble disciplina está extinta, ustedes son los llamados a revivirla entre las cuatro paredes de su aula.

Y a propósito de eso, les voy a dar un consejo. De la patrona, sí, la más grande pedagoga de América Latina junto a Paulo Freire. ¡Qué Finlandia ni que 8 cuartos!,  “Magisterio y niño” se llama el libro, un conjunto de sus escritos pedagógicos. Está descontinuado en librerías, la última edición es de los años 60, para que vean lo despistados que están los que hacen la política del libro en Chile. Mas lo encuentran en internet, liberado en el sitio de la Dibam Memoria Chilena. El artículo se llama “El oficio lateral”.

Allí la patrona nos plantea un asunto de tremenda actualidad, a pesar de que fue escrito en 1949. Ella empieza quejándose de lo terriblemente aburridas que pueden llegar a ser las clases. Una cosa tediosa y densa, llena de deberesen la que hasta nosotras las profesoras “comenzamos a trabajar como el remero de brazos caídos que bosteza con aburrimiento al mar de su amor”. Ese punto muerto de la clase en que quisiéramos salir corriendo…pero no podemos. Cuando eso ocurres es preciso salir de esa zona muerta y recurrir al único recurso del espíritu que tenemos más a mano: la creatividad. Pero la creatividad no solo como método para generar conocimiento y saberes en los estudiantes, también la creatividad para nosotros, los educadores, a modo de fuente de felicidad, pues es la salvación al tedio y al sinsentido. Dice la patrona:  “La invención del oficio colateral trae en tal momento la salvación. Ella busca quebrar la raya demasiado geométrica de la pedagogía estática dándole un disparadero hacia direcciones inéditas y vitales. El pobre maestro debe salvarse a sí mismo y a los niños dentro de su propia salvación”. El oficio colateral se refiere a que practiquemos alguna disciplina artística, ojala la poesía, pero puede ser el teatro, la danza, la música, hasta la jardinería o la cocina.

Es preciso que ejerzamos nuestro oficio desde la plenitud, desde la alegría, ya que nuestro ánimo alegre “vale en cuanto a manantial donde beberán los niños su gozo, y del gozo necesitan ellos tanto como de adoctrinamiento”.  Entonces, pueden dedicarse a practicar una disciplina artística como parte de su profesión con calma. En la 1era versión de esta conferencia les citaba una montonera de expertos en psicología que corroboran lo que la patrona dijo desde su propia experiencia. Pero lo prefiero así ahora, más sencillo y accesible, como si estuviéramos conversando y tomando mate, mirando las montañas de Montegrande.

De esta forma vamos terminando esta conferencia. Rescatando la utilidad de la poesía para la educación. Ya no tanto como contenido si no como práctica. No solo como método si no como experiencia necesaria para enriquecer nuestro oficio. Es importante experimentarla para poder entenderla y apreciarla. Y solo si la entendemos, la podremos gozar. Será en ese momento, cuando la escuela sea un lugar para ir a gozar, es que le habremos empezado a ganar la batalla al analfabetismo funcional. En ese momento empezaremos a responder la interrogante de lo que es una educación de calidad y acorde al siglo XXI.

Solo me resta una última idea que se refiere al proceso de aprendizaje según este enfoque. Es bueno que confiemos en el proceso. Que lo conozcamos y que confiemos. Los niños y niñas -nosotras mismas- estamos bloqueados. La sociedad chilena es muy buena para reprimir, por algo Lucila y Neftalí tuvieron que inventarse un personaje para lograr los que lograron. Creemos que es imposible que seamos creadores, transformadores de nuestra realidad. Menos en la educación, menos en la escuela pública. El bloqueo es el causante, el bloqueo cognitivo es una realidad estudiada por la didáctica europea a la que se presta harta atención para anularla y facilitar el flujo creativo que lleva a que los procesos de aprendizajes sean firmes, seguros y significativos. Tendrán que habérselas con él. Con amor, paciencia y mucho, pero mucho humor, junto a la voluntad de permitir el proceso superarán a este grande enemigo de la educación.

Lo contrario al bloqueo es la autonomía. Es maravilloso cuando una curso ya no tiene miedo (el miedo es el origen del bloqueo cognitivo) y fluye en el saber y la creación. Su labor como maestros se alivianará mucho pues ellos ya no estarán ahí por obligación sino por necesidad. Estudiar se transformará en una necesidad interna. Les resultará necesario ir a los libros para dialogar con otros escritores. Resultará necesario mejorar la ortografía y la gramática, pues ello me permitirá expresarme mejor. Resultará necesario tener una opinión y manifestarla en forma respetuosa y abierta. Yo solo deseo que ustedes lo experimenten, con ese “ímpetu casi carnal” del que la patrona nos habla. Que toda lección sea susceptible de belleza entonces, pues es necesaria, hoy más que nunca, y la poesía nos puede ayudar a encontrarla.

 

 

Alejandra del Río Lohan

Seminario Literatura y Sentido

Noviembre 2016

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *